Era domingo en la noche, estábamos en la cocina a punto de despedirnos, cuando Roberto me dijo sin pensarlo mucho: “¿Sabes qué? Leí hace poco algo que escribiste en tu Instagram, decías sobre enfrentar el miedo a seguir nuestros instintos, yo tengo mucho tiempo pensando el dejar mi trabajo de 9 am a 6 pm y dedicarme a lo que hasta ahora es mi hobby y part time, dar clases de deporte a niños. Pero algo me frena… porque mi salario es lo que tengo para cubrir los gastos fijos de mi casa, aunque mientras esté en el trabajo, no puedo seguir creciendo en mi proyecto con los niños y un nuevo negocio de transporte escolar… y sobre todo Tania, la verdad es que lo que quiero es tener más tiempo con mi hijo y mi esposa. Quiero acompañar a mi hijo en sus actividades… me estoy perdiendo muchos momentos a donde quisiera estar.
Muchos del entorno familiar no lo entienden, porque estoy dejando un trabajo estable por algo que para ellos no lo es. Yo sé que es el momento. Pero, no sé por donde empezar….”

Como Roberto muchos de nosotros llegamos a un punto en el que sabemos que vale la pena detenerse, para evaluar un cambio en el camino, sin embargo más allá de la sensación, nos paraliza el miedo y no sabemos como emprender.
Hay quienes prefieren quedarse presos en una vida ordinaria porque temen reconocer su propia grandeza. He conocido mucha gente que se aferra a su trabajo, a pesar de la insatisfacción, porque tiene una autoestima baja que no se siente suficiente para soportar lo que implica el gestarse un cambio.
Lo que por experiencia les aseguro, es que siempre valdrá la pena, cuando llega el momento en el que el corazón empieza a hablarnos, atrevernos a dar los pasos necesarios para producir los cambios que permitirán no solo el crecimiento, también re ilusionarnos con un aspecto tan importante de nuestras vidas.
“Tres medidores para evaluar si llego el momento del cambio”

  1. Cuando lo que haces no te da paz… Puede ser tu trabajo o una relación personal, mientras estés en ello, sientes apatía, desinterés o desasosiego, cuando tu nivel de satisfacción se reduce, es tiempo de evaluar una transición.
    Si en tu caso es trabajo, los expertos consideran que hay ciclos entre 5 y 7 años dentro de una misma empresa, que propician cierto desgaste por lo que suele manifestarse en la persona una intención de empezar a mirar puertas afuera…
  2. Cuando sientes que llegaste a un “techo” dentro de esa relación laboral o personal: Sentimos que hemos agotado los recursos y que ya queda poco o ninguna posibilidad de crecimiento en lo que hacemos, ¡llego el momento para dar el salto!
  3.  “La sensación de que se cumplió el ciclo”: Ya sea porque por razones económicas (haz hecho el esfuerzo pero la compañía paga menos que otras por la misma plaza), cuando no tienes buena relación con tus superiores, no te sientes valorado(a) ; porque descubriste alternativas para emprender; cuando ya no te reta lo que haces o con quien(es) estas… es tiempo del cambio.

Ya me identifique, entonces… ¿Por dónde empezar?

  1. Conversalo con tu entorno más cercano: Si el cambio es en el plano laboral, ponderalo idealmente con tu esposo(a) o pareja sentimental porque es vital que estén en consonancia en esta toma de decisiones. Los cambios exigen una demanda emocional importante y precios que no pagarás tu solo, cuando nuestra pareja asume el reto de acompañarnos, la carga es mucho más liviana.
  2. Busca un Amigo/Mentor: ¿Quién que conoces ha vivido algo similar? ¿Con cuáles aspectos tuvo que lidiar? ¿Qué resultados obtuvo? Acercarte a un mentor que pueda entender lo que sientes porque ya lo haya vivido, orientarte y acompañarte es un “salvavidas” en medio de las turbulencias que suscitan los cambios.
  3. Define tu estrategia: ¿En qué tiempo lo harás? ¿ Con qué recursos contarás económicamente? ¿Qué reservas emocionales tienes?
  4. Puedes solicitar ayuda profesional para que te acompañe a diseñar un plan de acción. Nada te liberará de los momentos de incertidumbre propios de los cambios, pero cuando tienes un plan de acción, es similar a emprender un viaje con la certeza de que sabes como llegar a tu destino final.
  5. Es TU viaje personal… no el de los demás: No pretendas acomodar a todos en tu decisión, habrán muchos que no entenderán el por qué de tus razones. Recuerda que no estamos llamados a complacer a nadie, ni a negociar tus sueños, no huyas de tu grandeza, esta se encuentra cuando defendemos nuestro compromiso de atrevernos a vivir nuestra propia vida.

Cuando abordo el tema de los cambios en mis conferencias, revivo las emociones de esos momentos. He vivido muchos procesos de este tipo en mi vida. He saltado al precipicio sin saber que me esperaba (algunas veces inducida, otras por voluntad), y lo que te espera nadie puede garantizártelo, lo que si me atrevo a asegurarles es que solo en el CAMBIO hay evolución, solo en la Reinvención, hay crecimiento, y ya verás que cuando te atreves a dar el salto, descubrirás un mundo lleno de aprendizajes necesarios para seguir construyendo una versión de ti más honesta, valiente y dispuesta a ir por más.