Un trastorno que limita el crecimiento y anula oportunidades. Siete de cada diez, lo hemos padecido alguna vez.

– “¡Qué bien te ves!..
Resp: Ay no digas eso, que tengo un brote y el cabello sucio!”

– “¡Qué bueno Juan, estás optando para el cargo directivo!…
Resp: No creo que lo gane, no tengo el perfil.”

¿Te parecen familiares estos comentarios? Esta es una conducta más habitual de lo que pudiéramos imaginar, la asumen desde jóvenes hasta reconocidos profesionales de gran prestigio en sus respectivas áreas. Gente que tiene una carrera profesional exitosa, imponentes logros y aún siguen atribuyendo a un golpe de suerte lo que se han ganado y que entienden por tanto puede desaparecer en cualquier instante.

Este trastorno tiene nombre y apellido: “el síndrome del impostor”. Lo hemos padecido siete de cada diez personas en alguna etapa de nuestras vidas, ello nos lleva a no creernos suficientes ante nuevos retos, dejando pasar nuevas oportunidades, al atribuir sus causas al destino u otros factores externos, en vez de asumir la cuota de responsabilidad que ha tenido en el resultado final.

Pauline Clance, quien hoy ejerce como psicóloga clínica, fue quien asumió el término por primera vez, en 1978 y refiere haberlo vivido en su temporada de escuela. En su blog confesó: “Cada vez que hacía un examen importante tenía un miedo terrible de haber suspendido. Mis amigos se estaban empezando a cansar de mis constantes preocupaciones, así que decidí guardarme los miedos para mí. Pensaba que mis traumas se debían al entorno educativo. Pero después me convertí en profesora y comencé a escuchar testimonios de otros alumnos, que sacaban muy buenas notas, y que tenían el mismo problema”.

Yo confieso haberlo experimentado decenas de veces en mis cinco décadas de vida. Recuerdo siempre haberme exigido mucho, dedicar largas horas de esfuerzo a la consecución de mis metas y al alcanzarlas, o compartir el mérito con mi pareja o un compañero de equipo, que muchas veces no habían ni siquiera participado, o atribuirlo a otras causas externas. Es que no era capaz de manejar ese reconocimiento, no me sentía merecedora de él, además no sabía cómo lidiar con tantas expectativas sobre mí.

Hay un artículo de Lucía Blasco en bbc.com que refiere a Baida Gil, coach, asesora profesional y autora del libro “Cómo superar el síndrome del impostor”, ella asegura que hay dos niveles: uno que desaparece con el tiempo y la experiencia —y que se manifiesta cuando nos sentimos inseguros ante un nuevo reto o puesto de trabajo— y otro más grave, que empeora con el tiempo.

Yo reconozco, que aún lo experimento, pero al identificarlo empiezo a crear conciencia y trabajo mi mente con pensamientos que refuerzan mi autovalía. Sé que vivir con este síndrome, aumenta considerablemente nuestros niveles de estrés y a nivel profesional nos limita el crecimiento y la productividad.

Por eso, aprender sobre el “Síndrome del Impostor”, puede ayudarte a que la próxima vez sepas que ese trastorno, condiciona tu estabilidad emocional y posibilidades profesionales.

Cuando llegue un nuevo reto, estimúlate con pensamientos de valor: “Tengo todo lo necesario para llevarlo a feliz término.”. “Soy capaz de emprender con éxito este reto” y la próxima vez que te ofrezcan un cumplido… un reconocimiento… respira profundo y con satisfacción da las gracias, pensando internamente que tu esfuerzo lo hizo posible. Y que reconoces que eres capaz de seguir gestando nuevas y mejores oportunidades. Al fin y al cabo, tienes todo lo necesario para lograrlo.

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Tania Báez.

Speaker. Coach. Creadora de Contenidos sobre Empoderamiento, Autoestima y Comunicación.

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